jueves, 12 de febrero de 2009

La pueblada del 2 de abril de 1984, por la revisión de la deuda externa.

La plaza en otoño. Ojalá volviera a llenarse como aquel 2 de abril del 84...


LA PUEBLADA DEL 84

Pueblos y puebladas



Cuando los pueblos se hartan, o cuando se sienten amenazados, ocurren las puebladas. Pobre del pueblo que no las haya tenido. Como dice el protagonista de la película V de venganza “mejor que el gobierno le tenga miedo al pueblo, y no el pueblo al gobierno”.

Estamos recordando las puebladas más recientes de Río Colorado, las que todavía están en la memoria colectiva, contrarrestando a duras penas el eficaz funcionamiento de las “máquinas de olvido” mediáticas, académicas y políticas. Estos mecanismos tienden a borrar el recuerdo de acontecimientos que ponen en cuestión las arbitrariedades de un poder olvidado de sus mandatos.

Hemos narrado ya la pueblada de 1972, reacción contra el pésimo manejo de la obra de pavimento urbano. Era en realidad una rebelión contra el autoritarismo tecnocrático. Aquel movimiento masivo depuso a un intendente y le movió el piso a un gobernador militar.

En un próximo artículo vamos a dar cuenta de la que se produjo en 2002, frente a la soberbia de quienes instrumentaban ajuste tras ajuste, sin percatarse de lo extremo de una situación social frágil, con desempleo y angustia generalizada. Esta última pueblada, en cuyo transcurso los trabajadores y desempleados ocuparon el Municipio y renunció un importante referente político del sistema provincial, encontró amplia difusión en el país.

Hoy haremos memoria de una pueblada pacífica, tan serena como firme. A nuestro entender fue una demostración de madurez política de nuestro pueblo. Esta movilización ocupó la plaza San Martín en abril de 1984; sus ecos llegaron hasta la prensa escrita y oral nacional. Si hubiera sido imitada en todas las plazas de la Argentina, otra hubiera sido nuestra historia reciente.

Numa Bini

Para comenzar esta historia, es obligado hacer referencia al promotor del movimiento, Numa Bini. Así podremos entender por qué prosperó la idea de hacerlo, y por qué todos participamos.

Bini era en los años ’80 el Intendente local de Agua y Energía Eléctrica de la Nación. Era esta, desde la década de 1940, una empresa fundamental para la provincia y para la zona, porque manejaba las obras de regadío, diseñaba proyectos, los gestionaba, y acopiaba información relevante sobre el manejo del recurso hídrico en la región, de manera integrada con todo el conjunto del país.

Cuando terminó la dictadura cívico-militar de 1976-83, este hombre pudo haberse quedado disfrutando de su cargo, sin complicarse la existencia y atendiendo su vida privada. Pero prefirió dedicar su destacada capacidad técnica y política a la cosa pública.

Hay gente y hechos que con el tiempo, al entrar en comparación con otros sucesos y personas, van disminuyendo en la evaluación. En cambio otras personas y sucesos, por contraste con lo que viene después, se agrandan. Los testigos vemos cada vez más, en ellos, la presencia y vigencia de ciertos valores fundamentales para la vida y la sociedad. Entre los que se agrandan con el tiempo, lo incluyo a Numa.

Fue candidato a gobernador de Río Negro por el Partido Intransigente en las elecciones del 30 de octubre de 1983. Realizó una campaña esclarecedora y sin agresiones, distante pero respetuosa de los demás partidos. Se preveía una polarización en los comicios, entre el peronismo y el radicalismo, que eran las fuerzas mayoritarias. Y así ocurrió. Lamentablemente, se perdió la oportunidad de que personas como este hombre de quien hablamos llegaran a cargos de gobierno. Penosa omisión, porque había personas que militaban con seriedad y con vocación popular y nacional en ese partido.

Apenas concluyó el cómputo de los votos y se supo quiénes habían sido elegidos en la localidad, la provincia y la nación, Bini estuvo contribuyendo como dirigente y como técnico para que la gestión de los mandatarios fuera exitosa.

En esa época me habían designado en un cargo municipal, y a menudo recibía la visita de Numa, que venía a conversar con el intendente Juan Alfonso (“Juanchi”) Villalba (1983-85, reelecto para 1985-87), para transmitirle inquietudes y ofrecerle ideas.

Contra el desguace de Agua y Energía

Por medio de “Juanchi”, Numa solicitó una entrevista con el gobernador, Osvaldo Alvarez Guerrero (1983-1987) en la que se atrevió a plantearle un tema tan delicado como importante. Se hablaba de disolver la empresa Agua y Energía Eléctrica de la Nación, entregando sus retazos a las provincias. Numa sostenía que era una idea equivocada: con el pretexto de “federalizar” la gran empresa, se la iba a atomizar y devaluar. Con sus dimensiones de entonces, AyEE era sostenida por el presupuesto nacional, sin gravar a la provincia; disponía de información y técnicos de calidad, lo que la convertía en una consultora gratuita para los gobiernos provinciales y locales; podía proyectar y encarar obras de gran magnitud, y manejar sistemas que a nivel local eran deficitarios, gracias al aporte compensatorio de la Nación, que promovía a las regiones menos privilegiadas del país.

Numa planteó estos razonamientos, sin éxito. Supone quien escribe estos renglones, que el desguazamiento de la empresa significaba una cuota de poder para la partidocracia, una cantidad de empleos y cargos a disposición de la política menuda, y la ilusión de manejar algo. Las consultoras privadas, las contratistas de obras y algunos grupos de profesionales aplaudían también la idea del desarme, que significaría una privatización de la inteligencia y la consiguiente posibilidad de contratos interesantes. De modo que Agua y Energía Eléctrica entró en el camino de las “provincializaciones”. Pero deseo destacar el coraje civil de un hombre que pudo haber permanecido en silencio, y en cambio puso lo suyo al servicio de una causa – aún previendo que no iba a ser escuchado.

Otro episodio lo pinta de cuerpo entero. Un día invitó al intendente Villalba y a este cronista a su lugar de trabajo en Agua y Energía. Era para demostrarnos, sobre los planos que tenía la empresa, la posibilidad de hacer un drenaje a cielo abierto que iba a corregir, de modo natural y casi sin costos, el problema de la elevada napa freática en la zona urbana. La napa alta, a sólo 25 cm del piso en algunos lugares, estaba provocando grietas y derrumbes. Los técnicos aconsejaban asentar todas las construcciones sobre una gruesa batea de cemento armado de un tipo determinado –con el enorme costo que se puede suponer. Numa facilitó las máquinas de Agua y Energía, se hicieron las acequias a cielo abierto que él proponía, el agua comenzó a escurrir lentamente, y en pocos meses se resolvió el problema.

La propuesta de una movilización

A fines de febrero de 1984, tan sólo a unos sesenta días de haber asumido los primeros gobiernos electos, Numa comenzó a plantear un problema básico que no todos tenían presente: el volumen monstruoso de la deuda externa que habían dejado impaga los gobernantes de la dictadura, iba a atar de pies y manos a los gobiernos constitucionales. Si la deuda externa no se revisaba, en muchos aspectos sería ilusorio decir que teníamos un gobierno con capacidad de decisión en favor del pueblo. Las autoridades electas iban a ser rehenes de las finanzas internacionales y de sus personeros locales.

Bini sostenía que debían reunirse todas las fuerzas políticas y todas las entidades ciudadanas, para dar su respaldo al gobierno nacional (el del Dr. Raúl Alfonsín) y al Congreso, a quien incumbe la negociación de la deuda, a fin de que rechazaran su pago, basándose en su falta de legitimidad. Había que revisar esa carga enorme hasta establecer qué endeudamiento había sido contraído legítimamente. Pero además, insistía Numa, el punto era la imposibilidad concreta del pago. Tiempo después, un extenso fallo del juez federal Dr. Ballesteros ratificaría que esa deuda era fraudulenta e ilegítima.

Numa Bini (quien, reiteremos, no era oficialista) conversó con el intendente, con los dirigentes de los distintos partidos sin excepción, con los representantes de la APDH (Asamblea por los Derechos Humanos)… en fin, con todos. En sus recorridas por las chacras para explicarles a los productores el motivo de esta movilización, lo acompañaron Juancho Prates y el Dr. Carlos Peña, dirigentes del partido Justicialista (que a la sazón también estaba en la oposición). De este modo se logró que el martes 2 de abril de 1984, se llevara a cabo la movilización callejera. Para quien esto escribe, ese encuentro público significó para Río Colorado un nivel de conciencia y manifestación política inigualado en el país.

El día de la plaza

Fue un día hábil, pero cerraron los comercios, las oficinas públicas, las escuelas, hasta los bancos. Hubo asueto oficial... y el que la propia gente se tomó. En la plaza vivimos un ambiente festivo desde media mañana. Vinieron familias enteras a participar. Había chicos y jóvenes, interesados en lo que sucedía. Escuchamos música de artistas locales, y luego hablaron todos los dirigentes políticos de Río Colorado, comenzando por el propio Numa. Este no aprovechó para ocupar “el centro de la foto”, sino que destacó el papel del conjunto de la sociedad en el movimiento.

Todas las fuerzas políticas y sociales firmaron un manifiesto en el que se le pedía al Presidente y al Congreso de la Nación que suspendieran el pago de la deuda externa y la renegociaran. El logro de este consenso, debido en gran parte a Bini, significó un éxito político sin dueños particulares.

La “plaza de Río Colorado” (así se la llamó) ocupó un lugar importante en las páginas de los diarios regionales y nacionales. El sábado 7 de abril Eduardo Aliverti hizo una crónica de la asamblea pública en su programa radial, emitido desde Buenos Aires. El amigo Carlos Espinosa, periodista e investigador de la historia local y regional, estuvo presente el día 2 y envió sus despachos para la agencia Telam: "transmití desde la Cooperativa, utilizando un telex Siemens 1000 (aparato infernal, si lo hubo)" me cuenta. Él encontró el mejor de los títulos a esa jornada: "Yo siempre recordé el episodio, con un poco de humor, como "el día que desde la Patagonia se hizo tambalear al FMI". Puede parecer que ese rótulo nos queda grande... pero quién sabe: si el ejemplo hubiera cundido...

Dentro de poco se cumplirán los 25 años de esta memorable movilización popular . Pese a lo que proponía Numa Bini, la empresa Agua y Energía Eléctrica de la Nación se fragmentó y se perdió. Y también, pese a lo que proponía él y a lo que ese día quiso todo el pueblo de Río Colorado, las fuerzas políticas perdieron su capacidad para luchar juntas contra la enajenación nacional. Luego sucedió todo lo que sucedió.

Pero Bini (y con él los que llenaron la plaza aquel día) habían puesto la voz y el cuerpo para que las cosas ocurrieran de otro modo. ¿Fueron demasiado idealistas, como se dijo entonces? Por el contrario, habría que decir que propusieron lo más práctico y sensato, lo que se hubiera debido hacer antes que nada y entre todos. En la historia reciente de Latinoamérica hemos presenciado definiciones similares a las que proponían esos "idealistas" de la plaza de Río Colorado en 1984. Si a alguien es imputable la frustración histórica que nos sucedió después. no es precisamente a ellos.


Ramón Minieri

12 de febrero de 2009