domingo, 28 de diciembre de 2008

Medianeras que unen, medianeras que separan

En primer plano, la casa del Dr. Máximo J. "Junco" Salvarezza.
Más allá, la pared ciega indica el patio intermedio.
Hacia la esquina, la casa y la cuadra de la panadería de López.



Medianeras que unen, medianeras que separan

Incluyo en el Humus esta memoria de una pared, relato de amistad y distanciamiento, pensando que la anécdota, en este como en otros casos, sirve como indicador de un proceso más general; como la burbuja que manifiesta un vasto suelo de salitre.

Moscú y el Vaticano

Conversando un día con Alejandro Moyano Aliaga, historiador cordobés, le comenté mi admiración por la capitalidad intelectual de Villa del Totoral en los años 30 y 40. Allí habían vivido María Teresa León y Rafael Alberti (a quien se le dedicó un árbol en la plaza); allí habían pasado temporadas Nicolás Guillén y Pablo Neruda. En la Villa, la casa de Rodolfo Aráoz Alfaro (secretario general del PC para Latinoamérica) y su esposa, la escritora chilena Margarita Aguirre, era lugar de encuentro de lo más granado de la intelectualidad, las letras y el arte.

Moyano Aliaga me recordó que este era uno de los dos polos, no el único. En la casa de Gustavo Martínez Zuviría, tan fascinado con la mitología de la Thule que adoptó el seudónimo germanizado de Hugo Wast, tenía su lugar de encuentro el pensamiento reaccionario y profascista. De ahí que entonces el humor cordobés calificara a estos dos lugares, El Durazno y la Villa del Totoral, como “El Vaticano y Moscú”. Y coronó su reflexión con la frase que puede aplicarse a esta anécdota: “Es que la historia política y social de Córdoba es la de una larga guerra civil.”

Yo me había atrevido a escribir que la Argentina misma es una larga guerra civil irresuelta. La observación de Moyano Aliaga, investigador concienzudo y poco amigo de efectismos, venía a plantear la relación entre el drama nacional y la historia local. Y aún mundial, con esta trasposición de las metrópolis de la derecha y la izquierda a un pueblo de provincia.

Para el caso, un dato que corrobora la extensión de estos alineamientos a nuestra localidad: no muy lejos de la calle República Española, que recuerda a quienes fueron desde Río Colorado a pelear contra el franquismo en 1936, tenemos un colegio cuyo nombre recuerda al escritor profascista Gustavo Martínez Zuviría.

En "El tiempo de la historia", Philippe Ariès señaló que las historias locales se desarrollan en resistencia a las historias nacionales. Que en las sociedades locales se produce un reflejo/rechazo de los movimientos nacionales. Ariès observa también que las historias nacionales irrumpen en las locales, producen en ellas rupturas irreparables.

Pero vamos a este relato.

Junco Salvarezza, médico del pueblo

Máximo J. J. Salvarezza, “Junco”, era un médico que había hecho carrera en el Hospital Argerich en Buenos Aires. Me faltan datos sobre sus antepasados; me pregunto si sería descendiente de aquel Dr. Salvarezza, inmigrante genovés, que atendió a los combatientes argentinos en la Vuelta de Obligado. El apellido está difundido por toda Italia, pero aparece en topónimos genoveses, y esto da lugar a pensar que provenga de esa región. En cuanto a Junco, era por su fisonomía un genovés o florentino. Alto, de ojos claros y modales refinados, se expresaba con un vocabulario que traslucía una educación esmerada.

El joven médico se radicó en 1933 en Río Colorado con su esposa, Diágora Elena Russó, una fina y bella mujer que se mantuvo en la actividad política y vivió hasta hace pocos años.

Salvarezza siempre tenía abierta la puerta de su casa (y no sólo en sentido metafórico) para cuanto doliente anduviera por el pueblo. Tenía eso que llaman “ojo clínico”, un sentido del estado de sus pacientes que le permitía detectar casi de inmediato cuál era el trastorno y su causa. Agréguese a esto que conocía prácticamente todas las casas y a las personas del pueblo. Lo buscaban todos, pero su sensibilidad hizo que fuera el médico de los pobres. Logró comprar un terreno y hacerse una casa en la calle Sarmiento; pero como contaba doña Elena, su mujer, “criábamos pollos, teníamos huerta; yo daba vuelta los cuellos de camisas, sacos y sobretodos, para que aguantaran un tiempo más.”
Gente que lo recuerda me cuenta que Junco era capaz de emprender viaje en un sulky o en una camionetita a la madrugada, para ir a atender a alguien que lo reclamaba desde la Colonia (a unos 12 kilómetros del centro... kilómetros que se hacían más largos en aquella época).


El panadero y el doctor. Una medianera que une.

Al lado de la casa de Junco y familia (como se ve en la foto), estaba la vivienda de un panadero, que en el local contiguo, haciendo esquina, tenía su cuadra y local de venta. Antonio López Belzagui, “el Pibe López”, conocido por su habilidad en el fútbol, era el panadero y vecino de Junco. Su esposa, Nélida, una bella y decidida mujer, sostuvo el negocio y crió a los hijos cuando el Pibe falleció todavía joven. (Los López eran y son hinchas fanáticos de Independiente, el cuadro local que tiene el rojo en su escudo. A tal punto, que recuerdo el predominio del rojo en la casa de Nélida; cortinados y tapizados parecían extraídos de aquel célebre retrato de Manuelita Rosas por Nicolás Descalzi, todo él en unánime rojo federal. )

El Pibe era tan generoso en su oficio como Junco en su profesión. Nunca faltaba algún vecino necesitado al que discretamente se le llenaba la bolsita de pan, o de la magnífica galleta de campo que hacía y aún hoy hace la panadería, anotando el importe en el aire del olvido.

Ambos hombres se habían hecho amigos. Junco era madrugador; comenzaba su jornada antes de las seis de la mañana, porque lo esperaba una larga jornada de atención de pacientes en el dispensario municipal o en su propio consultorio. Preparaba unos mates, y salía al patiecito que daba a la medianera; más allá estaba otro patiecito, el de López, por el que se llegaba hasta la cuadra. El Dr. Salvarezza se subía a un taburete y se asomaba al patio del vecino, pava y mate en mano. Y el Pibe López se arrimaba por su lado, con alguna factura o la primera galleta caliente, recién salidos del horno. Compartían entonces el desayuno e intercambiaban algún comentario ocasional sobre el tiempo, los chicos, el deporte o los sucesos del momento.

Hermosa amistad. Hasta que llegó el peronismo y se partieron las aguas. Mientras el Pibe y su familia seguían siendo irreductiblemente radicales, Junco siguió el camino al que lo invitaba su vocación social. Como otros médicos con inclinación sanitarista de entonces, se alistó en la nueva fuerza política. Creo que él habría hecho suya la frase de Ramón Carrillo “el peor bacilo, el que hay que erradicar antes que todo, es la pobreza.”


Una medianera que separa

¿Habrá que narrar el final de esta historia? De resultas de alguna enconada discusión, estos dos hombres buenos no volvieron a hablarse.

Para agrandar la brecha, hubo acontecimientos nacionales que repercutieron fuertemente en el pueblo. Todavía hay quienes recuerdan los intentos de imponer el luto a maestras y empleados públicos tras el fallecimiento de Eva Perón en 1952; el despido de alguien que no acató esa directiva; la escucha de Radio Colonia, emisora uruguaya, que se ponía en muy bajo volumen por temor a que alguna vecina peronista denunciara el hecho… Las homilías furibundas del párroco Tranquilino Filapelo contra el gobierno echaban sal en las heridas de partidarios y adversarios. (Se decía que el presidente Perón había aludido por radio a “ese curita de Río Colorado que no es nada tranquilino”…) Y después de la revolución de setiembre de 1955 se ahondó más el foso, cuando se quiso imitar malamente lo que se hacía en la capital y se formó aquí una Comisión Investigadora (la llamaron Vengadora, porque difamó mucho y comprobó nada); cuando hubo despidos y proscripciones de peronistas; cuando aquí como en todo el país, una mayoría de los ciudadanos tenía prohibido usar el nombre y los emblemas de su fuerza política; cuando los simpatizantes de esa fuerza tenían que reunirse en secreto en alguna chacra, temiendo ser denunciados.

Eran tiempos de enconada pasión cuyos efectos perduraron. La grieta entre peronistas y antiperonistas recién en nuestros días parece haberse superado. Pero este cronista se pregunta cuántos logros habrían podido darse en nuestro pueblo si ante cada proyecto, ante cada idea que pudo ser fértil, no se hubiera interpuesto durante años esta rivalidad. Que tuvo sus motivos, sin duda, pero que se quiso resolver de un modo que nunca resuelve nada: la persecución del otro.

Río Colorado, 28 de diciembre de 2008.




Máximo Juan José Salvarezza, nació en Concepcón de Uruguay el 19/11/1899 y falleció en Río Colorado el 12/2/1982.

Diágora Elena Russó de Salvarezza, nació en Buenos Aires el 19/6/1910 y falleció en Río Colorado el 11/9/2005.


Agradezco esta información a Paulo Romero, nieto de ambos.


miércoles, 10 de diciembre de 2008

Los masacrados de La Adela, abril de 1976

Buenos amigos: el obispo de La Pampa Adolfo Arana; el entonces coronel
Ramón Camps, el padre Espinal, el mayor Baraldini, en un acto en Santa
Rosa, año 1975.


Los masacrados de La Adela, abril de 1976



A uno de ellos lo mataron por ser hermano mellizo. Al otro, por haber estado de casualidad en un lugar. A un tercero no sabemos todavía por qué, como no sabemos tampoco quién era.

Los dos primeros muertos, acribillados a balazos, habían aparecido en los primeros días de abril cerca de La Adela y de la ruta 22, en Gaviotas, a la altura del llamado “Meridiano 36”. Para ser más exactos, a 300 metros hacia el interior del kilómetro 807 de esa ruta nacional.

No sólo estaban sus cuerpos y cráneos perforados por proyectiles de calibre 45 y de 9 mm. Atados uno frente al otro, les habían hecho estallar una carga de trotyl entre ambas cabezas, como para tornarlos irreconocibles.

El comisario de La Adela comunicó la novedad al Interventor militar de la Provincia, el pretoriano general Enrique Aguirre Arrieta, quien dio orden de no divulgar el asunto.

La investigación posterior permitió establecer la identidad de las víctimas:

- Daniel Riganti, ingeniero electrónico que trabajaba en Bahía Blanca, en la empresa Proa. Era casado, joven de 29 años de edad, y tenía dos hijos. Había sido “chupado” el 22 de marzo. El motivo: parecerse a su hermano mellizo, Jorge Riganti, activista e integrante de una organización armada, que desapareció días después;

- Juan Carlos Prádanos, ingeniero y profesor universitario, “chupado” el 23 de marzo. Prádanos vivía en Hilario Ascasubi, pero ese día estaba realizando diligencias en Bahía Blanca. Se acercó al local de un taller mecánico, porque su auto necesitaba una reparación. Por estar en ese lugar, se convirtió en sospechoso, e inmediatamente en víctima.

Uno por parecerse a su hermano, y el otro por acercarse a un lugar vigilado. Así funcionaba la inteligencia militar de la tiranía – con la que contribuían unos cuantos civiles.

Riganti y Prádanos fueron sepultados en el cementerio de La Adela como N.N. El acta de defunción rezaba “muertos en un enfrentamiento.”

Días después apareció un tercer muerto, a unos diez kilómetros de La Adela. Era hombre de más edad que los anteriores, bien vestido; tenía la pierna izquierda amputada a la altura de la rodilla, y llevaba muletas de madera. Estaba también acribillado a balazos. Hasta hoy no sabemos quién era.

En todos los casos, las pericias establecieron que los asesinatos se habían producido en el mismo lugar donde se hallaron los cuerpos. Allí estaban las cápsulas de los proyectiles.

La esposa de Prádanos había logrado entrevistar al general Osvaldo René Azpitarte, comandante del V Cuerpo de Ejército con sede en Bahía Blanca. Este le dio a entender que con Prádanos se había cometido un error: “Pero cómo, ¡entonces él no vivía en esa casa!” y le prometió que aparecería de inmediato. Después ella supo que para entonces su marido ya había sido asesinado. Confiando en la palabra del asesino, ella había esperado a su esposo con un regalo.

Los padres de los Riganti tenían una talabartería y venta de artículos de cuero en Bahía Blanca, en la calle Chiclana. La familia sufrió los atroces asesinatos de los mellizos, dos hermosos y vitales jóvenes. Vivieron en Holdich al 700; aquellos chicos habían sido alumnos de la Escuela primaria Nº 3, Bernardino Rivadavia, de calle Terrada. Un amigo que los conoció en la escuela me acerca estos datos. Hoy esos chicos tendrían quizás 60 años de edad. Sus asesinos los inmortalizaron en la juventud.
No sabemos si era también hermana de ellos Stella Maris Riganti de Díaz López, desaparecida en San Fernando, provincia de Buenos Aires, el 15 de mayo de 1976. Tía de los mellizos era Rosita Boviá, una maestraza que había trabajado en escuelas de la zona de Benito Juárez, en la provincia de Buenos Aires, y luego pasó sus años de jubilada en Bahía Blanca.

Los habitantes de La Adela y Río Colorado vinimos a saber cuántos y quiénes eran los asesinados tan sólo después de fines de 1983. En aquel luctuoso año 1976 sólo se bisbiseaba que habían aparecido algunos muertos allí cerca de la ruta.

¿Habrá alguien que pueda dar alguna pista para identificar al tercer asesinado? ¿Cuál de entre los muchos desaparecidos de Bahía Blanca y la zona puede haber sido? Que no le demos por asesinado hasta el nombre. ¿No estará por ahí el archivo de algún Monseñor Graselli, que dé cuenta de la identidad de este hombre?

¿Habrá alguien, entre quienes viven en La Adela o en sus cercanías, que quiera recordar a estos masacrados del “Proceso de Reorganización Nacional”? Aunque más no fuere, con una inscripción en el lugar donde fueron ejecutados.

¿Habrá alguien que todavía defienda al “Proceso”? Hoy escuché que sólo un 10% de los jóvenes argentinos valoran la democracia como sistema. A la vista de los sucedáneos, de la democracia descartable que les han ofrecido, esto no es casual. Pero… no habrá alguien que sepa decirles que, como mínimo de los mínimos, habiendo democracia, aunque sea esta democracia tan incompleta, el asesinato no es parte practicada, aceptada, consabida y acallada del sistema político?

(Datos de “Informe 14. La represión ilegal en La Pampa. 1975 – 1983.” Libro de Juan Carlos “Pinky” Pumilla y Norberto Asquini, complementados con recuerdos de pobladores de la zona. La foto de este post ha sido tomada de la tapa del libro.)

martes, 9 de diciembre de 2008

Propuesta: nombres de calles

Para que las calles de mi pueblo no se avergüencen de sus nombres


He enviado la siguiente nota al C.D. de la localidad:


Río Colorado, noviembre 25 de 2008.

Sr. Presidente y Concejales
CONCEJO DELIBERANTE
de Río Colorado
Localidad. Petición sobre nombres de calles.


De mi consideración:

Me dirijo a Uds. para peticionar como ciudadano, que en próximas asignaciones de nombres de calles en Río Colorado, se tenga presente con carácter prioritario a las siguientes personalidades nacionales y locales, cuya trayectoria me exime de formular mayores comentarios. Me refiero a:

- Eva Perón, que constituye un símbolo de la historia social argentina y es reconocida como tal; también por estimar además que su reconocimiento apunta a valorizar el papel de las mujeres en la actividad política, corrigiendo una nomenclatura urbana altamente masculinista;


- Ernesto “Che” Guevara, que es reconocido en Latinoamérica y por la juventud argentina por su compromiso de vida y su idealismo. Curiosamente, mientras Guevara es un icono presente en remeras y otros artículos de consumo en Argentina, observo que en ninguna de nuestras ciudades hay una calle que lo recuerde. Así como Río Colorado es la única que ha reconocido a la República Española en una de sus arterias, sería motivo de justo orgullo que brinde homenaje a este argentino de proyección universal;


- “Coca” Pablo, por ser una de las personas desaparecidas nativas de Río Colorado; pero además, por tratarse de alguien que se comprometió en la militancia por su pueblo;


- Liliana Pizá, por representar los mismos valores que Coca Pablo.

Supongo que en torno a alguno de estos nombres puede plantearse algún debate. En relación con ello, insisto en que propongo estas denominaciones más allá de simpatías o partidismos, basado en que todos ellos representan ciertos valores para grandes grupos sociales y para nuestra comunidad.

También me permito señalar que, en una localidad donde el genocida Julio A. Roca y el discutible presidente norteamericano J.F. Kennedy, promotor del asesinato político, están representados en importantes vías de tránsito, no debiera excluirse a las personas arriba señaladas, que encarnan ideas y valores humanos sentidos como propios por gran parte de nuestra sociedad.

Los saludo atentamente.


jueves, 4 de diciembre de 2008

El General Trasladado


(Foto: el busto "viajero" del Libertador, ahora en la Plaza San Martín).

El General Trasladado

Dimos cuenta de algunas barrabasadas monumentales (porque se refieren a monumentos, retratos y conmemoraciones), en el post El Monumento al Broche, de nuestro blog http://elmulaenlapatagonia.blogspot.com/

Allí les hemos presentado al Coronel Cambiado. Esto es, el que aparece en el retrato al que se consideraba representativo del Coronel Ramón Estomba, uno de los postulantes al papel de fundador de la ciudad de Bahía Blanca. El retrato había resultado ser trucho; copia fiel de otro, hecho en Francia a un mariscal napoleónico. Copia fiel de un cuadro, pero copia infiel de Estomba.

También en ese post tuvimos que denunciar a un General Cambiado: el presunto José de San Martín de La Adela, que en realidad es un busto de Carlos María de Alvear.

Ahora es el turno del General Trasladado, cuya efigie, que figura en la foto, ocupa el espacio central de la Plaza San Martín de nuestro pueblo.

Esta vez el busto es realmente de San Martín, y como tal se lo conoce. Se trata de una bella pieza de bronce hecha hacia 1915 en un taller de Buenos Aires, sobre el original de un artista francés.

Lo sucedido en este caso, es que este monumento ha ocupado tres asentamientos sucesivos, a medida que el centro urbano se desplazaba. Estuvo primero en Buena Parada, frente a la Municipalidad vieja según los memoriosos. Después, debido a la cercanía del ferrocarril, el nuevo pueblo de Río Colorado adquirió mayor gravitación; de modo que lo desmontaron al General de su sitio en Buena Parada y lo trajeron… no al lugar donde ahora se encuentra, sino a la plaza de Villa Mitre (en el lugar donde ahora están edificadas las “40 casas”).

Ya debía estar cansado el busto con este trajín. Pero no fue bastante. Al tiempo lo trajeron al lugar donde ahora se encuentra, en la plaza por ahora céntrica, frente al Municipio.

Desde allí, el Libertador otea preocupado las inmediaciones, recelando que si se puebla más densamente el sector que está más cerca de la ruta, tenga que afrontar otra mudanza forzosa. “Tanto anduve a caballo en mis campañas, y todavía no me dejan descansar… Será posible que los presupuestos no hayan alcanzado en 92 años, desde 1916 hasta ahora, para comprar algún otro busto, en vez de sacarme de Buena Parada y después de Villa Mitre”… se lamenta don José Francisco.
(En base a datos facilitados por Antonio Evangelista).